En Rosario también quieren “Rescatar Buzones”

En Rosario aún se mantienen 15 en funcionamiento, la mayoría en el macrocentro. La idea es presentar un proyecto para que se los declare patrimonio de la ciudad.


  En las esquinas rosarinas quedan pocos buzones, tampoco hay muchos inocentes dispuestos a comprarlos. Sin embargo, los integrantes del grupo “Basta de demoliciones” se pusieron en marcha para rescatar del olvido a las pintorescas cajas metálicas que resultaron piezas clave para el servicio postal. Por ahora, están haciendo un relevamiento de los pilares que todavía resisten en las esquinas de la ciudad. Después, la idea es presentar un proyecto para que se los declare patrimonio de la ciudad. Según datos del Correo, aún se mantienen quince buzones en funcionamiento, la mayoría en el macrocentro.

Aunque amenazados de muerte por los correos electrónicos y los mensajes de telefonía celular, los buzones siguen perteneciendo a la sociedad Correo Oficial de la República Argentina S.A. (Corasa), creada en 2004 cuando el servicio postal volvió a manos del Estado. Y, si bien se usan cada vez menos, un oficial de la firma los recorre periódicamente.

De acuerdo al último relevamiento de la oficina local del correo, aún sobreviven quince buzones en idéntico número de esquinas rosarinas, la mayoría dentro del macrocentro.

Años atrás, cuando eran engranajes fundamentales del servicio, llegaron a sumar una centena. Desde el Sindicato de Empleados de Correos y Telecomunicaciones (Secyt), estimaron que hace apenas quince años existían unos 70 pilares distribuidos en toda la ciudad.

No todos se conservan en el mismo estado. Hay algunos pintados de rojo, otros que todavía conservan el color azul y amarillo estampado a mediados de los 90 (ver aparte). Unos que se conservan intactos, otros dañados por el óxido. La mayoría es víctima frecuente de vandalismo. Es más, las imágenes de una pareja colocando en el baúl de su coche el buzón de Córdoba y Santiago se convirtieron en noticia nacional el verano pasado.

En Sarmiento al 900, sobre el ingreso a la galería Mercurio, uno color rojo pasa casi inadvertido entre dos puestos de venta ambulante. Estampado con pegatinas de publicidades, oxidado y corroído en la base, deja adivinar las hojas secas y la basura que se deposita adentro. “Quienes no lo ignoran lo tratan muy mal”, asegura una vecina.

Quejas parecidas se pueden escuchar en Tucumán y Corrientes, Oroño y Salta o Pellegrini y Roca, esquinas que todavía conservan los pilares de hierro fundidos durante el siglo pasado en talleres como Vassenas o Fénix.

Al rescate. “Buchoneá un buzón”, propone la invitación que a través de su grupo de Facebook puso a rodar la organización Basta de Demoliciones para que sus miembros se sumen al relevamiento de los buzones de la ciudad.

Rápidamente, las fotos de los pilares empezaron a poblar el perfil de la entidad.

“En pocas semanas ya tenemos registrados unos 28 buzones”, señaló Ana María Ferrini, administradora del grupo.

La identificación de cada pilar, con su dirección y el nombre de los talleres donde fue construido es el primer paso de una iniciativa más ambiciosa: lograr que se declaren patrimonio histórico de la ciudad y se les otorgue algún grado de protección.

“Por ahora estamos en una etapa de investigación. Después elevaríamos un proyecto para que se los refuncionalice y se los coloque en sitios más protegidos, como en el interior de supermercados, shoppings, escuelas, correos o estaciones de colectivos o trenes. Hasta podrían ser intervenidos artísticamente”, propusieron los integrantes de Basta de Demoliciones.

En uso. Si bien son muy pocos quienes se animan a depositar allí sus cartas, hay unos quince buzones que se mantienen en funcionamiento. Según explicaron fuentes del correo, son considerados como una sucursal o un punto de venta más. “Están incluidos dentro de la red y por eso se revisan todos los días aunque generalmente se encuentre sólo las cosas inútiles que la gente tira, envases vacíos o basura. Lamentablemente se han dejado de utilizar para enviar cartas”, reconocieron desde las oficinas de la empresa estatal.

Aunque rápidamente señalaron que, “si en algún momento alguien tira allí una carta, se la recoge y se la distribuye como si fuera cualquier sucursal” y aclararon que la Comisión Nacional de Comunicaciones, organismo de contralor del servicio, supervisa que la tarea se cumpla.

El mantenimiento de los pilares no es una tarea fácil. Como todo el mobiliario urbano, están expuestos al maltrato y el vandalismo, padeciendo alternativamente pegatinas, graffitis o daños, cuando no son chocados por automovilistas que embisten las veredas. Entonces se retiran, se mandan a reparar y se aprovecha la ocasión para arenarlos y pintarlos.

Un empujón para que permanezcan en pie, quizás ya no para guardar con celo miles de cartas, sino para rescatar los recuerdos que esas misivas llevaron y trayeron hace no tanto tiempo.

Fuente: SM – La Capital

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